Vestido de gabardina, con sombrero marrón y una pipa, también marrón, colgando de su boca. Su mano derecha le ayuda a resolver los casos más díficiles que sólo Poirot (detective de Agatha Christie) podría resolver también. Y esos niñatos escurridizos, que le dan pistas claves para conocer la verdad. Se trata de Sherlock Holmes, Watson y Los Irregulares de Baker Street (a quienes Gerry Rafferty les dedicó una canción magnífica). Sherlock Holmes se ha convertido en un icono popular para todos los fans de las novelas policíacas. Ahora, vuelve para marcar 2010. Yo, en cambio, me voy para meterme de lleno en "Estudio en escarlata".
Son páginas llenas de palabras que, todas ellas, quieren decir algo. Quieren contarle al mundo su propia historia. Todas completamente nuevas. Viejos polvorientos llenos de sabiduría. Lectores sentados al lado del cálido fuego en un sofá con una taza de chocolate caliente en Navidad. Son páginas y páginas de sabiduría en las que cada uno interpreta el texto como quiera. Pero siempre, con originalidad. La biblioteca, lugar donde cada uno se reunirá consigo mismo en el estante que a él más le guste. Desde las aventuras de Julio Verne hasta la mayor intriga de la mano de Agatha Christie pasando por la fantasía de C.S.Lewis y los romances de Shakespeare. Romeo y Julieta, La vuelta al mundo en 80 días, Las Crónicas de Narnia, Asesinato en el Orient Express. Tampoco quiero olvidar a Carlos Ruíz Zafón y su inolvidable Marina con un final que corta la respiración. No, no estoy haciendo publicidad de editoriales. Estoy leyendo.