miércoles, 6 de mayo de 2009

Encontré un calcetín


Encontré un calcetín, y cuando digo uno es uno, no dos. Estaba solo sin su compañero. Desconozco de que pie era, porque, según mi última información, aún no salieron calcetines específicos para pie izquierdo y derecho. Lo dicho, estaba solo. Como un día sin Sol. Como una noche sin Luna. Como un acuario sin peces (que es como se va a quedar el mío dentro de poco si no lo limpiamos ya, que parece una selva tropical). Como un marco sin foto (bueno, exceptuando los digitales, porque para los negados de la tecnología puede que se quede la pantalla en negro). Como una máscara sin cara. Y como muchas cosas más. Solo el pobre calcetín. ¿Alguien tiene el otro?

lunes, 4 de mayo de 2009

La guarida del gato


Era muy duro pensar en la muerte. Y atado de pies y manos sin poder moverse comencé a cavilar sobre estos últimos meses. Que podía haber fallado… que podía haber salido mal… Mientras, esa cosa caminaba hacia mí, un escalofrío recorrió mi cuerpo. Mi hora había llegado, y esta vez no podía hacer nada para evitarlo. Él estaba cada vez más cerca… Solo podía cerrar los ojos, y dejarme ir...

viernes, 1 de mayo de 2009

Me llamo Simba - Capítulo 7: El rugido de una moto

En la foto, Mónica. La fugitiva.

Era un día normal, de primavera. El polen se me metía en los ojos y era muy molesto. Era un jueves, y normalmente Bella siempre viene a verme por la tarde. Ojalá que se decida a llevarme con ella...
Por la tarde, hacía mucho calor. Miraba al cielo y no había ni una sola nube. Estuve aburrido mucho tiempo, esperando a que Bella llegara con los palitos de cordero que tanto me gustaban.


Se estaba acabando la tarde, ya estábamos en el crepúsculo, cuando una sombra apareció delante de mí. Si, era ella. ¡Por fin había llegado! La espera terminó. Me cogió una pata y me dijo:


- Pronto estaremos juntos, aguanta un poco más.


En ese instante, el rugido de una moto sonaba a lo lejos. Después, todo ocurrió muy deprisa: el señor que iba subido en la moto agarró el bolso de Bella y siguió corriendo con él en la mano, pero Bella no lo soltaba. Me levanté lo más rápido que pude y les seguí corriendo sin parar. De pronto, una sirena de policía cruzaba la calle para perseguirle. Y, en ese momento, Bella soltó su bolso y se rindió. Fui junto a ella corriendo. La pobre estaba herida, muy herida. Tenía golpes en la cara y los pantalones estaban rotos de rozarse contra el suelo. Ladré tanto como pude y, por suerte, un anciano salió de su casa para auxiliarnos.


Lo siguiente que recuerdo es que llegó una ambulancia y no me dejaron subir en ella. Así que me quedé otra vez en mi caja de cartón llorando y esperando a que Bella venga sana y salva a por mí...


... Pero llevo esperando más de dos meses.

miércoles, 22 de abril de 2009

El juego del escondite


Llevo ya varios días (por no decir muchos) sin inspiración. Y hace un par de días, por fin, la encontré. La encontré en un objeto con forma de ocho y con un palo ancho que lo atraviesa, justo, por el medio. Ese palo tiene seis cuerdas. Y al tocarlas, me vienen a la cabeza millones de canciones que canté, que canto y que cantaré. Todas ellas me inspiran. Estas semanas sin inspiración han sido como el juego del escondite: yo buscaba la inspiración y parecía que ella se alejaba, más y más de mí. Pero al final, este juego lo he ganado yo. Después de semanas y semanas he vuelto a escribir canciones, a crear poemas, a cantar... Todo ello, también gracias al violín que ahora, después de una mala racha, estoy mejor que nunca. Por fin, las musas no han pasao de mi.
Ahora puedo decir..: ¡Te pillé!