jueves, 25 de febrero de 2010

A 100km/h


Hoy es un día de esos en los que envidio a los calvos. Ni se secan el pelo y, los días de vendaval, no corren el riesgo de que se les escapen las ideas.
Y al girar la esquina, mi paraguas sale volando alejándose de mi. "¡Adiós!", pensé, "que te vaya bien".
Aún no puedo entender como hay gente capaz de salir de casa... Un segundo, voy a bajar la basura.
Y bueno, como decimos los gallegos, maloserá que salgamos volando.
Para combatir una tarde de tormenta, lo mejor es estar completamente solo en el cine en compañía de un buen compañero, unas chocolatinas y una gran película. Disfruta la foto.

sábado, 13 de febrero de 2010

La Ventana


13 de Febrero de 2010, 11.00 a.m

Recién levantado y aún con legañas me pongo la bata de andar por casa; azul, como no. Con las zapatillas, azules también, camino hacia el salón, abro la doble ventana y me asomo a la calle.

Un pequeño Peter Pan bajaba la calle con su espada mientras luchaba contra Spiderman y sus telas de araña. Un poco más arriba veo a un Conde Drácula agarrando de la mano a Cenicienta, con sus zapatitos de cristal. Cruzando el paso de cebra observo a un cavernícola hablando por teléfono móvil. Parecía alterado. También vi pasar un coche, y, dentro del, a Blancanieves y sus dos enanitos en la parte de atrás mientras conducía su príncipe azul.

Y es que hoy es Carnaval. Hoy nadie es lo que es. Ayer fuimos nosotros y hoy somos aquéllos en los que llevamos pensando semanas. Hoy soy un gato veneciano. Ayer fui simplemente yo. Mañana nadie sabrá en lo que se convertirá.
Y ahora me voy, me espera mi máscara. Me parece que me voy a quedar en casa, le toca salir al gato, mientras tanto, yo cuido de su pescado fresco.

sábado, 30 de enero de 2010

Hambriento


Después de 'x' años, la "candela" sigue humeante, como siempre. Y, como ya se sabe, siempre podremos encontrarla en aquel rincón del mundo exterior... Esta es para ti, Candela. Felicidades.


En un rincón del mundo exterior

encontré una tostada con sabor a mermelada.

Después de pasar la noche entera sin comer, ni beber.

Tuve tiempo a cavilar

que la vida es puro teatro

y que soy actor de profesión.


Y pienso, que la vida es como una tostada

con sabor a mermelada.

Y pienso, que la vida es puro teatro.

Y no encuentro ni mi papel ni mi guión.

No se que hacer, hoy.


En el rincón hay cuatro gatos negros.

Se levanta el viento, salen corriendo. Sin mi.

Y ahora me encuentro con que no tengo lápiz para escribir.

No puedo darle forma a mi realidad.

No puedo escribir mi propio guión.


Y pienso, que la vida es como una tostada

con sabor a mermelada.

Y pienso, que la vida es puro teatro.

Y no encuentro ni mi papel ni mi guión.

No se que hacer, hoy.


Voy a entrar en escena.

Comienza la función.

No recuerdo mi guión.

Se levanta el telón.

Y en una milésima de segundo me dio tiempo a pensar…


Y pienso, que la vida es como una tostada

con sabor a mermelada.

Y pienso que la vida es puro teatro.

Y empiezo a improvisar…


Se coló un pedacito del mundo exterior

en mi habitación.

sábado, 23 de enero de 2010

Crónicas de Luigi I


Con la pistola agarrada firmemente entre mis dedos, me dispuse a ir caminando hacia mi blanco. Estaba solo, sin preocupaciones. No parecía saber que su fin estaba a punto de llegar.
Pero, en ese momento, no sé porque, no pude acabar con él. No sé si mi conciencia quiso detenerme o era yo el que no podía hacerlo... o no quería hacerlo.
Cuando apuntaba hacia mi objetivo, me temblaba el pulso. Era incapaz de cometer un asesinato a sangre fría. Mi blanco era un señor de mediana edad, vagabundo, él. Una boina prácticamente deshecha cubría su pelo canoso.
Me habían ordenado que acabara con su vida. Me había parecido ver en su expediente que no nos había pagado un servicio, un robo de unas frutas en un supermercado. A penas le cobraríamos nada. Pero el pobre... no tenía ni para comer. Por eso nos lo había pedido. ¿Cómo iba a poder matar a una persona que, ante todo, quiere sobrevivir? No podía.
De repente, me vino a la mente el cuento de Blancanieves y los siete enanitos. El cazador, mandado por la malvada bruja, le ordenó matar a Blancanieves. Pero él, como yo, no podía. Así que decidió matar en su lugar a un jabalí y arrancarle el corazón para entregárselo a la reina como si fuera el de Blancanieves.
Al acercarme a él, le rogué que escapara o le matarían. Le di dinero suficiente como para poder comprar un billete a un lugar lejos de Italia y de Estados Unidos, pues sabía que los San Marco y los San Pietro (viejos amigos de la familia), si se lo pedíamos, nos acabarían el trabajo.
Se iría a Londres. Le rogué que no volviera a aparecer por aquí en mucho tiempo y le deseé suerte en su largo viaje. Nos despedimos. Él cogió un taxi para ir al aeropuerto y yo me dirigí al bosque, para poder acabar mi tarea.