sábado, 14 de febrero de 2009

Me llamo Simba - Capítulo 4: El comienzo de una nueva vida



Hoy era el día en el que nos íbamos a Lisboa. Estaba contentísimo. No paraba de jugar con Emma, pero ella solo quería darme abrazos, nada más. Aún así, los cariños también están bien. Los padres de ella estaban haciendo la maleta y estaban muy estresados. Bueno, al parecer los mayores se estresan por cualquier cosa.


Eran las 7 de la mañana y yo estaba agotado: no había dormido nada en toda la noche por los nervios. Teníamos que irnos ya. Íbamos a ir en coche y yo en el maletero. Suerte que se comunica con el asiento trasero, así podría ver a Emma. Enfrente de nuestra casa estaba el coche y mi hueco en el maletero. Ya abrigados todos (menos yo) salimos de casa y se montaron en el coche después de abrir el maletero para que me subiera en el. Había pasado cerca de una hora cuando noto que el coche se para. ¡Ya habíamos llegado! ¡Que suerte! Abrieron el maletero y bajé corriendo a ver la gran capital de Portugal. Estaba el padre de Emma. Él me acarició y se metió en el coche. Ladré y ladré todo lo que pude para que me volvieran a abrir la puerta. Estaba solo, completamente solo, y ni siquiera estaba en Lisboa. ¿Que hice mal? ¿En que habría fallado? ¿Por que me habrían abandonado? Tantas preguntas y tan pocas respuestas...


Ahora aún sigo vagando por la calle, y ya soy mayorcito: tengo 7 años. Han pasado 6 desde la última vez que les vi y desde entonces si alguien me ve, con suerte, me da algo de comer. Aún sigo esperando a que alguien me quiera y me de cariño. Porque un perro necesita a su dueño, y una persona necesita a un perro más que a nada en el mundo.




As fotos son de Os Palleiros. Fai click aquí para ir á web e apadrinar o adoptar a un can que necesita o teu cariño e afecto.

1 comentario:

condado dijo...

Ten unha cara de simba o pequeno este que tira patrás, espero que sexa simpático...